¿Son fiables los test de intolerancia alimentaria?

Si te sientan mal las comidas y tienes problemas digestivos seguro que alguna vez alguien te ha comentado la posibilidad de realizarte un test de intolerancia alimentaria. Al entrar en Google y comenzar a buscar información sobre el tema te habrás dado cuenta de que hay muchos tipos diferentes de pruebas de intolerancia y entonces surge la pregunta ¿qué es realmente un test de intolerancia alimentaria? ¿Son todos iguales? ¿Qué información puedo obtener realmente?

En primer lugar podemos distinguir los test de intolerancia que realiza la Seguridad Social. Se trata de test totalmente fiables y comprobados. En la Seguridad Social se realiza el test de intolerancia a la lactosa. Se trata de una prueba o diferentes pruebas según el caso, que ayudan a diagnosticar a la persona que no puede consumir este azúcar presente en los lácteos. Normalmente se hace por una prueba de aliento, pero se puede llegar a realizar una prueba genética según el caso.

La otra prueba que se lleva a cabo es la de la intolerancia al gluten o celiaquía. Y esta, junto con la de la lactosa, son las dos únicas pruebas de intolerancia que cuentan con el respaldo de toda la comunidad médica y con un aval científico y por ese motivo, las únicas que se realizan en el sistema público.

Es muy importante no confundir intolerancias con alergias. La mayoría de las pruebas que se hacen en la Seguridad Social son por alergias. También conviene resaltar que en ningún caso se realiza una prueba única para determinar todas las posibles intolerancias de una persona.

Pruebas de intolerancias genéricas

Las pruebas de intolerancia específicas que realiza la Seguridad Social son, como hemos dicho, las únicas que están avaladas por pruebas científicas. No obstante, muchas clínicas privadas realizan pruebas de intolerancia genéricas. Se trata por lo general de análisis de sangre mediante los cuales se supone que se pueden determinar todos aquellos alimentos que pueden causar problemas de tolerancia en una persona.

También se realizan análisis de ADN utilizando la saliva o muestras de pelo, diferentes análisis de sangre e incluso pruebas de biorresonancia con aparatos específicos. Se trata de pruebas caras, la mayoría superan los 400 o los 500 euros y no están aceptadas por la mayoría de los médicos ya que no hay una base científica comprobada detrás de las mismas.

En muchos casos, los endocrinos incluso las consideran peligrosas debido a la manera en la que funcionan. Tras hacerse un análisis de sangre a la persona le presentan una lista, generalmente larga, de alimentos que no pueden tomar porque supuestamente les están haciendo daño en su digestión. Hay casos en los que este test se realiza para saber qué alimentos no se digieren bien y pueden causar sobrepeso. El problema es que al realizarse estas pruebas en clínicas médicas de cierto prestigio el paciente acepta el resultado como una verdad absoluta.

Al eliminar todos esos alimentos de su dieta se crean dos problemas serios. Uno de ellos tiene que ver con las dificultades que se tienen en algunos casos para llevar a cabo una dieta equilibrada. Los pacientes se ven muy restringidos especialmente si ya no soy buenos comedores. Pero además, se pueden sentir psicológicamente afectados al prohibírsele tomar sus comidas favoritas o al darse cuenta de cómo estas limitaciones en su alimentación afectan a su vida social.

Intolerancias y flora intestinal

¿Sabías que no siempre que un alimento te sienta mal estás sufriendo una intolerancia? A veces, sucede que tu flora intestinal se daña debido al uso de antibióticos u otros medicamentos, intervenciones quirúrgicas o problemas relacionados con el estrés entre otros factores.

Si esto ocurre, el intestino pierde parte de sus enzimas y está debilitado. Por eso, algunas comidas van a sentar mal a la persona, especialmente las que son más difíciles de digerir o necesitan de esos enzimas que se han dañado. Las digestiones se harán complicadas, aparecerán los gases en exceso y pueden sufrirse diarreas o estreñimiento fuera de lo habitual.

Antes de pensar en que se sufre una intolerancia hay que asegurarse de que la flora intestinal está sana y para ello lo más indicado es seguir un tratamiento con probióticos y prebióticos. La combinación de ambos asegurará la recuperación del equilibrio de la flora intestinal.

Cuando se empiece con el tratamiento de prebióticos y probióticos se recomienda llevar a cabo una dieta sana, con productos naturales y evitando lácteos, gluten y el exceso de grasa. También frutas y verduras en exceso debido a la fructosa.

Tras tomar el tratamiento durante tres semanas, que suele ser el tiempo recomendado, se pueden volver a introducir los diferentes alimentos. Si se observa que los lácteos o los productos con gluten continúan sentando mal, entonces es el momento de ir al médico para solicitar estas pruebas.

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